Una abuela del suroeste de Pensilvania aseguró que no le interesaba cultivar marihuana, sólo tener una planta que luciera bonita al lado de sus tomates. Un jurado del condado de Fayette absolvió a Alberta Kelley, de 67 años, de posesión y fabricación de drogas, aceptando su versión de que ella se limitó a arrojar en su huerto un puñado de semillas que le regaló un forastero barbudo.

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